La Barca

 

Sueños sin valor hundidos con su bronce,
bajo el crepúsculo y la aurora,
se desvisten y cuelgan la piel sobre el mástil.
El cristal de su reflejo en la violeta y profunda corriente,
acarrea el terror de un silencio que redoblan.

Las imágenes le persiguen como arena oscura,
su silueta es más negra que la sombra.
En la superficie;
donde que erran las naves,
el encierro fuera del océano,
el espejo del agua;
reflejo hambriento.

Caducan las formas en su ondeo;
lo sinuoso del metal,
los girones del cielo,
la luna;
esfera plana que se alarga con la muerte,
y bajo ella el calor de la carne.
El horizonte inerte en cubierta.

Se hunde la vigilia,
y las tinieblas afloran desiertas,
la tormenta muerde las maderas,
el sudor de la tierra y el mar.
Nos hundimos en los sueños de los viejos,
entre criaturas tórridas y homicidas.

Jadean las horas de los siglos,
y el diapasón del trueno tañe el fin.
Cada remolino es puerto.

Bracean los peces entre estrellas,
bajo una nube de gaviotas,
cae un remo entre gotas ondas;
las débiles y cansadas criaturas del fuego,
se confunden en su reflejo sobre las olas,
quedando dentro y fuera del sueño,
ahogadas
olvidadas.

 

por Joao Goncalves